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Lo forestal es parte de la solución

Eduardo Rojas Briales, actual decano del Colegio de Ingenieros de Montes, analiza en detalle el papel de “lo forestal” en las políticas sociales económicas y medioambientales de España, con especial atención al rol de la bioenergía.

“Es difícil encontrar algo que con una sola inversión conlleve tantos cobeneficios, pero esta gran ventaja es también su debilidad. Servir para demasiadas cosas es bueno, pero dificulta que nos posicionen políticamente. Hace falta elevar “lo forestal” políticamente para que los que tienen responsabilidad de conjunto lo identifiquen como un tema estratégico”, resume el decano.

Y es que la activación de recursos forestales crea empleo estable en el ámbito rural, contribuye a frenar su despoblación, es fuente de productos de alto valor para diferentes industrias -madera para construcción, pasta de papel, corcho, usos textiles, biomasa para energía, etc-, y es una de las claves para resolver el cambio climático.

 

El recurso forestal aumenta

El aumento de la superficie forestal es impresionante y constante desde los años 70 del siglo pasado, recuerda Eduardo Rojas. En los años 50-60, el grueso de lo que creció el bosque se debió a repoblación, sobre todo en las provincias con más monte público, mientras que a partir del año 70 y hasta el 90, y pese a incendios crecientes (la eficiencia de los sistemas de extinción ha reducido sus efectos), el aumento de bosques se ha producido por generación espontánea.

Desde entonces, la evolución de la superficie arbolada ha sido igual de contundente en las provincias donde casi toda la superficie es privada, afirma.

Según el último informe de FAO sobre los recursos forestales de España (2020), apoyado en datos del IFN, MFE y estimaciones, la superficie arbolada supera los 18,5 millones de hectáreas, 4,5 millones de hectáreas más que en 1990. El 85% de estos bosques es de origen natural y el 15% de repoblación. Las existencias totales de los bosques españoles estimadas para 2020 casi alcanzan los 1.109 millones de m3, duplicando las calculadas para 1990.

La biomasa genera mercados más equilibrados

Según Eduardo Rojas, el sector forestal identifica la bioenergía como una gran oportunidad, ya que es “ese complemento que nos estaba faltando y que diversifica una demanda para la madera de menores dimensiones y calidad, dispersa en el territorio y apoyada en medianas y pequeñas empresas.”

En muchas ocasiones, la demanda de productos comparables se concentra en las industrias del papel y del tablero, lo que tiende a crear mercados muy desproporcionados entre los productores forestales y sus demandantes.

En bosques de edad mediana, donde se ha producido el gran aumento de masa forestal en España, los tratamientos selvícolas son fundamentales para asegurar masas estables y resilientes a las sequías que trae el cambio climático y nuestro propio clima, a los incendios y a otras perturbaciones como viento, nieve, y que, tras lo cual, tengan capacidad para regenerarse por semilla o rebrote.

En estas operaciones de clareo, claras o resalveos que garantizan madera de calidad en el futuro, la mayor parte de lo que se obtiene será biomasa. Su valorización contribuye, sin duda, a financiar parte o totalmente, dichas intervenciones, liberando fondos públicos, de los que no disponemos o que son insuficientes.

¿Repoblar o gestionar lo que existe?

Rojas cree que asegurar el suministro de madera a medio plazo va a depender más de gestionar bien lo que hay, “que está muy abandonado”, que de fiar el crecimiento a las repoblaciones. “La repoblación no debe ser el pilar de nuestra actuación como lo fue hace un siglo, sino que debe integrarse en un sistema forestal con músculo. Hay que pensar en valorizar los bosques que tenemos. Y repoblar donde sea lógico”.

Cita el modelo asiático conocido como “Assistant Regeneration”, que, básicamente, aprovecha la regeneración natural como sistema de selección genética gratuito para luego dirigir el proceso seleccionando especies, densidades o introduciendo las que se necesitan. “Es algo que fuera de Asia no se ha implementado y yo creo que nos ha faltado”.

En España, varias especies forestales se han expandido enormemente de forma espontánea por muchas zonas y podrían haber sido manejadas siguiendo este sistema: Pinus halepensis, Pinus sylvestris y abedul en la costa mediterránea, el prepirineo y las montañas ácidas y húmedas, respectivamente.

“Quizás lo que nos ha faltado es la pionera en el centro-suroeste. Pinus pinaster no llega a ser tan eficiente como P. halepensis, por eso, muchas zonas donde se perdió la dehesa por mala gestión, incendios u otras causas, se han quedado en estado de jaral”, reflexiona.

En la vertiente sur de la Cordillera Cantábrica y en algunas zonas del sistema penibético se concentran las superficies de monte desarbolado más extensas del país. En el primer caso, la regeneración espontánea del bosque no es previsible por el histórico abuso del fuego, pero podría albergar una producción forestal importante. "Ahí sí es necesario repoblar", afirma.

Sistemas agroforestales y prevención de incendios

En otras regiones habría que pensar, más bien, en cómo evitar los incendios o reducir sus efectos, como en zonas de Galicia que ya están muy arboladas o en el Mediterráneo, “donde más que plantar hasta el último campo de cultivo, convendría recuperar antiguos campos de cultivo como cortafuegos”, explica.

Rojas recuerda la obligación del sector agrícola de reducir su impacto en el cambio climático, así que una gran oportunidad para rebajar la huella de carbono es establecer sistemas agroforestales, plantar árboles.

Arborizar los ribazos y una parte de la agricultura o densificar las dehesas e implantar nuevas con densidades de 70 a 90 árboles por hectárea en zonas que hoy están desarboladas puede tener un efecto medioambiental positivo, además de contribuir a diversificar las rentas de los agricultores, sostiene.

Estos ribazos pueden ser naturales, o bien sostener una plantación energética. También habría que encontrar cultivos agroenergéticos adecuados para superficies de cereal, que sin ayudas de la PAC no son económicamente rentables, pero no se quiere abandonar, apunta Rojas.

“Está claro que hemos pasado de una época de excedentes agrícolas a una mentalidad global del mercado alimentario, y no queremos, con una perspectiva de 9000 millones de personas en el mundo en tres décadas, reducir capacidad productiva sustantiva. Para repoblar habría que buscar siempre sitios donde la alternativa fuera el abandono agrícola”.

Por otra parte, señala la urgencia de abordar la falta de relevo generacional en el sector agrario. “Sin una nueva generación de agricultores, zonas ahora agrícolas tenderán a emboscarse sin control favoreciendo la propagación de los incendios forestales”.

La biomasa en la transición energética

En la carrera por la transición energética, se pueden diferenciar varios actores: el sector fósil, que ha buscado poner palos en las ruedas para mantener el “business as usual”, el sector energético clásico, que se resitúa, sobre todo las eléctricas, por las renovables físicas: solar y eólica, y luego el sector de la bioenergía, que es incipiente y, encima, disperso y pequeño.

“Con excepciones, la biomasa no ha sido una prioridad en la transición energética, sino que más bien se ha desarrollado de abajo arriba”.

Que el sector fósil ponga palos es algo que hasta cierto punto se puede entender, pues se han hecho inversiones que no se quieren perder, admite. En cualquier caso, durante un tiempo la demanda seguirá siendo considerable: los coches no van a desaparecer en dos días; no está resuelto el transporte de autobuses, camiones, buques o aviones, ni las demandas muy intensas de energía.

El sector energético clásico tiene una mentalidad de ingeniería industrial, piensa que con electricidad vamos a solucionar toda la demanda energética y busca que el regulador le genera su nuevo mercado para asegurarse. "Calentarse con electricidad es una barbaridad, pero, claro, ellos quieren vender y generar mercados cautivos", afirma Rojas.

Otro problema relacionado con la generación de energía eléctrica con fuentes renovables pero no gestionables es el almacenamiento de la energía, señala. “Entre noviembre y febrero, salvo en el sur del Mediterráneo, no hay horas de sol suficientes o, si se instala un periodo anticiclónico, también puede escasear el viento. O sea, que no se trata de almacenar unas horas, durante la noche; sino de asegurar períodos que duran 4 meses en Europa.”

“Un principio básico es no pasar nunca de eléctrico a térmico ni de eléctrico a térmico, porque es muy ineficiente.”

En cuanto a la generación eléctrica con biomasa, en su opinión, el destino de la biomasa no debe ser la electricidad, salvo en cogeneración. Producir solo energía eléctrica, con rendimientos del 30%, y trasladarla a grandes distancias al final ofrece un balance muy pobre. Por ello, no habría que insistir en sustituir el carbón por biomasa en las grandes centrales porque se acabarían consumiendo segmentos que en la industria de la madera pueden generar un valor mucho mayor y reciclarlos un número de veces.

Pero también es cierto que la biomasa, junto con la hidráulica, es la única energía gestionable, por lo que contar con algo de producción eléctrica como reserva estratégica para momentos malos del sistema eléctrico puede ser importante, reconoce.

El lobby de los dos sectores citados al principio no ven en la biomasa un elemento complementario, pero un sistema energético congruente debe ser sostenible en todos los sentidos: de resiliencia, económico, social, ambiental; no puede apostar por una sola tecnología sino buscar la complementariedad de sus componentes, concluye.

Si hablamos de energía térmica, el sector de la bioenergía debe explorar hasta dónde puede contribuir. España no puede resolver su demanda térmica solo con biomasa, pero, asegura Rojas, “sí podemos aportar el 30-40% de la demanda en el rural disperso, donde hay bosques, agricultura de leñosos y jardinería y donde construir redes de gas es caro.”

Como parte de la bioeconomía, la bioenergía debe aprovechar todo aquello que no tiene calidad para ser utilizado como madera o lo que ya está al final de su ciclo útil. Si aumentan los bosques y se gestionan activamente, se mete la agricultura y las zonas verdes urbanas se expanden, tendremos bastante, finaliza.

Bioenergía y sociedad

El decano estima que, por lo general, la gente encuentra más atractivos los usos eléctricos de las renovables, pero “hay que hacer pedagogía, comunicar los logros de la bioenergía, como que el hospital más grande de Valladolid y una parte de la universidad se calienten con biomasa, y situarlos en el debate de la transición energética, el cambio climático y en el de la despoblación”, señala.

La bioeconomía, junto con la producción de alimentos y el turismo, es básica para el medio rural. Los presupuestos forestales, a menudo insuficientes, deben invertirse de manera que creen empleo sostenible en las zonas despobladas.

Las redes de calor con biomasa pueden contribuir, en su opinión, a generar una actividad constante y vinculada al entorno que permita fijar población.

E incluso propiciar cambios en modelos socioeconómicos que parecían intocables, como el reparto de las suertes de leña: “¿por qué no construir redes de calor con esa biomasa que ya no es rentable recoger y repartir las suertes en forma de calor gratuito o a muy bajo coste entre los vecinos?”, reflexiona.

“El empleo debe ser nuestra prioridad junto con los temas medioambientales.”

La bioenergía ha sido y es acusada de vez en cuando de diversos pecados, desde no ser neutral en carbono a provocar deforestación, generar contaminación o ser la causa del hambre en el mundo.

Por eso, explica Rojas, es importante comunicar que la biomasa forestal procede de tratamientos de mejora, no de cortas finales, o que, en el tema de emisión de partículas, existe la opción de las grandes calderas comunitarias, que pueden sustituir a decenas o centenares de equipos individuales y que, gracias a un mantenimiento profesional, llegan a unos niveles de emisiones increíblemente bajos mejorando la calidad del aire.

La campaña de las ONG contra los biocarburantes de primera generación que se desarrollo a escala mundial en 2008 fue financiada por el sector petrolífero, que ligó de forma falsa su incipiente despegue con la crisis alimentaria, interrumpiendo así su desarrollo tecnológico.

Diferentes regiones, diferentes enfoques

La movilización de la biomasa se aborda desde distintos ángulos según la región. Para Rojas, tanto el País Vasco como Galicia han entendido que el sector forestal es estratégico para mantener el mundo rural vivo.

Tras haber perdido industria muy importante, Galicia ha visto que lo forestal puede ser un pilar muy seguro de su economía y bien distribuido por el territorio. "Además, apoyándose en el sector privado, lo que introduce dinamismo", añade.

En otras regiones, el desarrollo se ha producido de abajo arriba, como en Cataluña, donde las mejoras logradas han sido obra del centro tecnológico forestal de Solsona y el centro de la propiedad forestal, asegura.

Castilla y León, Navarra y Álava tienen el mejor sistema de gestión forestal público, en su opinión. En estas regiones, “los montes se ordenan, se han multiplicado las cortas en montes públicos, al contrario de lo que ha ocurrido en el resto de regiones, donde como mucho se ha mantenido el volumen de cortas a pesar de que la potencialidad haya crecido”.

Juntos por los Bosques y otros proyectos

Eduardo Rojas Briales revalidó su cargo de decano del Colegio Oficial de Ingenieros de Montes en diciembre de 2020 durante 4 años más. El objetivo principal de la nueva junta rectora es consolidar la unión del sector, tanto en su vertiente profesional como civil.

En el periodo anterior, junto con su equipo fue el precursor del proyecto Juntos por los Bosques, una iniciativa que aglutina a más de 80 entidades y que ha conseguido dar una inusitada visibilidad al sector forestal. Seguir apoyándolo es prioritario, asegura Rojas, “porque entendemos que juntos llegamos mucho más lejos; aunque haya temas en los que no tenemos una visión única, debemos defender ese 80% que nos une. Jugar a largo plazo es el único lobby que tiene sentido en lo forestal”.

“Cuanto más fuertes seamos, mayor será la presión que podamos ejercer sobre los políticos y mayores los frutos logrados”, afirma. La decana Asociación de Ingenieros de Montes trabaja para aumentar la cohesión del sector forestal, pero también será clave consolidar una sociedad civil forestal más allá de los colegios profesionales.

Eduardo Rojas concluye haciendo suyas las palabras de Goran Persson, exprimer ministro sueco y presidente del think tank del EFI: “hay que dejar de poner lo forestal, y en general el mundo rural, como parte del problema para verlo como parte de la solución. Este es el reto”.

 

 

Asociación Española de la Biomasa